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ESTUDIOS Y COMENTARIOS SOBRE EL AMIANTO Y SUS CONSECUENCIAS
El amianto en España: situación actual y
perspectivas
Cárcoba, A. C.
RESUMEN
En España todavía no se ha abordado de forma adecuada el problema
de la exposición de los trabajadores y de la población general al
amianto, un producto que todavía se utiliza y se encuentra presente
en edificios, materiales y estructuras muy diversos. Para afrontar
este problema, es necesario que se desarrollen acciones tales como
el fomento del debate social, el control y la vigilancia de los
colectivos expuestos al amianto en la actualidad y en el pasado, la
compensación e indemnización de las víctimas, el control del amianto
actualmente instalado y el control del mercado internacional del
amianto.
" Desde que me jubilé perdí todo contacto con los compañeros de
la fábrica. Desde un tiempo a esta parte nos estamos encontrando de
nuevo en el hospital " (Trabajador jubilado y afectado de
uralita)
A pesar de que en España el amianto tenga los días contados, aún
hemos de esperar varios años para que este mineral mortal
desaparezca de nuestras vidas. El amianto no es sólo un problema de
salud laboral, sino un problema de salud pública de dimensiones
epidémicas. Podemos encontrar pruebas de ello en poblaciones como
Ferrol, Cádiz, Getafe o Alicante. Por ejemplo, en Ferrol varios
centenares de trabajadores de una sola empresa (Bazán) presentan
diversas alteraciones y enfermedades relacionadas con su exposición
al amianto: placas pleurales, asbestosis, cáncer de pleura o cáncer
de pulmón, entre otras. Todo ello, lógicamente, ha provocado una
situación de alarma social. Un diario gallego afirmaba en portada y
a cuatro columnas que «el número de ex empleados contaminados podría
llegar a 1.500»1.
En España llevamos un retraso de más de 20 años con respecto a
países como Suecia, Dinamarca, el Reino Unido, Holanda o Alemania en
el abordaje de este tema. En España se sigue permitiendo el uso, la
comercialización y la manipulación del amianto blanco o crisotilo.
No hay razones económicas, sociales y mucho menos éticas que
justifiquen esta situación. Todos los países de la Unión Europea,
excepto España, Grecia y Portugal, disponen de una amplia
legislación sobre prohibición del amianto, sobre procedimientos de
demolición, retirada y tratamiento de estructuras que lo contengan,
sobre sistemas de acreditación de empresas especializadas, sobre
inventario de edificios, y sobre vigilancia médica y sistemas de
indemnización a las víctimas. A diferencia de otros países, en
España no existen programas, proyectos y recursos específicos para
abordar el problema del amianto. Sobre recursos públicos dedicados
al control del amianto e indemnización a las víctimas, merece la
pena destacar que en el Reino Unido existen más de 500 expertos
dedicados monográficamente a este tema. Suecia dedica 90 inspectores
de trabajo formados específicamente para el control del amianto, sin
contar los recursos sanitarios, y Francia ha aprobado por ley un
fondo de indemnización a las víctimas y un programa de
prejubilaciones anticipadas. En España, ni la administración central
ni las autonómicas dedican recurso alguno a este tema.
Pero tampoco existe en España, a diferencia de otros países
europeos, un debate social del problema; por ejemplo, a través de
programas de información en colegios o debates específicos en
televisión, prensa y radio, o en la comunidad científica. Si bien es
cierto que en España el amianto se usó de forma masiva más tarde que
en otros países, no por eso los efectos van a ser diferentes y de
menor trascendencia.
Los efectos serán los mismos, sólo que se manifestarán unos años
después. El dato clave para comprender el estado actual y las
consecuencias en los próximos años de la utilización de amianto en
España es el relativo a la importación y consumo en el pasado. Se ha
demostrado claramente que existe una relación entre las tasas de
cáncer de pleura y pulmón en la población y la cantidad de amianto
importado y consumido en un país2.
En España se ha utilizado amianto desde principios del siglo
pasado, pero fue entre 1960 y 1985 cuando las importaciones
alcanzaron su máximo, llegando a unas 120.000 toneladas/año. Es
decir, si exceptuamos las potenciales exportaciones de este mineral,
podemos afirmar que en España están hoy instaladas más de 2 millones
de toneladas de amianto en tejados, paredes y techos de edificios,
tuberías de agua y gas, sistemas de calorifugado de barcos, trenes,
centrales térmicas y nucleares, pastillas y juntas de frenos o
embragues de automóviles, entre otras localizaciones. Es difícil
calcular el número de personas expuestas al amianto y los efectos y
costes en salud que van a manifestarse en los próximos 30 años como
consecuencia de esta situación. Se estima que entre 1960 y 1990 más
de 100.000 trabajadores estuvieron expuestos a fibras de amianto en
más de 1.100 empresas, de las que sólo hay registradas unas 600. El
informe elaborado por el Grupo de Trabajo sobre el Amianto de la
Comisión Nacional de Salud y Seguridad en el Trabajo afirma que el
grado de incumplimiento sobre el Registro de Empresas con Riesgo de
Amianto (RERA) es del 75-80%, con lo que el subregistro sobre
centros de trabajo, trabajadores ocupados y trabajadores expuestos
resulta escandaloso. Lo que está claro es que estamos en el inicio
de una epidemia de muertes por mesotelioma y cáncer de pulmón
asociadas a la exposición al amianto que alcanzará su nivel más alto
entre 2025 y 2035, para luego decrecer3.
Los sectores más afectados por el uso de amianto son la
construcción y reparación de buques, material ferroviario y
automóviles, la fabricación de fibrocemento y el mantenimiento de
conductos de agua y gas. La mayoría de casos constatados en los
Equipos de Valoración de Incapaci-
dades (EVI) y en los juzgados de lo social pertenecen a los sectores
citados.
A todo ello, habría que añadir los colectivos de población no
profesionalmente expuesta. Según los datos disponibles, la
prevalencia de exposición es especialmente elevada en Bilbao,
Santander, Gijón, Ferrol, Vigo, Valladolid, Barcelona, Madrid,
Sevilla, Cádiz y la Comunidad Valenciana. En estas poblaciones es
donde habría que priorizar los estudios de vigilancia
epidemiológica4.
¿QUÉ HACER?
El problema del amianto en España pone de relieve las
insuficiencias de los sistemas de prevención, sancionador y de
compensación en salud laboral. Frente a la situación descrita es
urgente la puesta en marcha de diversas actuaciones legales,
institucionales y sociales, algunas de las
cuales se resumen en la tabla 1.
Uno de los elementos clave incluidos en esta relación de medidas
es la vigilancia sanitaria de la población expuesta y/o afectada. Es
necesario y urgente un consenso para la elaboración de una
estrategia de vigilancia de la salud en estos casos, con objetivos y
criterios comunes.
En primer lugar, sería necesaria la elaboración de un censo de
las personas expuestas desde los años sesenta hasta nuestros días.
El progra-
ma de vigilancia sanitaria de las personas expuestas debería ser
centralizado y estable, definiéndose un servicio de neumología y
radiología de referencia por comunidad autónoma en el que las pautas
de diagnóstico y atención a los afectados fueran homogéneas.
Asimismo, dicho programa debería ser abierto, atendiendo a toda
persona que haya estado expuesta al amianto de forma puntual o perme-
nente y padezca algún tipo de afección. Sería también importante que
se establecieran los mecanismos interinstitucionales de derivación
de pacientes entre centros hospitalarios y centros de referencia.
A su vez, debería crearse una unidad de referencia nacional (p.
ej., el Instituto Carlos III), que centralizara el registro de
tumores, incluyendo un registro nacional de mesoteliomas. Los
profesionales del programa deberían tener organizado un sistema de
colaboración basado en grupos de trabajo para evaluaciones
periódicas y medios apropiados, garantizando la independencia
profesional de los mismos. Los informes emiti- dos deberían tener la
suficiente autoridad científica y moral ante los EVI, ante los
juzgados de lo social o ante las instancias donde se dirimiera
el futuro de las personas afectadas. En relación con todo esto,
puede ser de gran utilidad el texto del Jurado de la Conferencia de
Consenso de Francia, que considera las reglas establecidas por la
Agencia Nacional de Acreditación y Evaluación de la Salud (ANAES)5.
En España queda todavía mucho camino por recorrer para afrontar
el problema del amianto. En este sentido, resulta muy ilustrativa la
siguiente cita de Selikoff: «El conocimiento, si no se usa, se
convierte en algo estéril. El estado actual de los conocimientos
sobre el amianto y sus efectos en la salud humana deben ser
traducidos en una acción organizada, en esfuerzos constantes, en
valentía para hacer frente a la indife-
rencia, a la inercia, a la ignorancia, al letargo administrativo, a
la despreocupación, e incluso a la avaricia y a la indiferencia ante
el bienestar humano y la vida»6.
Tabla 1. Objetivos y acciones necesarias frente al
problema del amianto en España
Objetivos
Acciones
Desarrollar el debate social
Exigir la prohibición inmediata del amianto
Contrarrestar las acciones del lobby industrial y financiero para
silenciar el problema
Hacer públicos los conocimientos científicos actuales
Crear un tribunal de víctimas del amianto que atienda a los
afectados y sus familiares
Proteger a los colectivos expuestos
actualmente al amianto
Crear registros rigurosos de empresas y poblaciones expuestas
Cumplir estrictamente la normativa vigente
Establecer controles ambientales y sanitarios
Gestionar el proceso de prohibición sin costes en el empleo
Crear planes de prejubilación para mayores de 50 años
Controlar y vigilar los colectivos
expuestos al amianto en el pasado
Crear un registro de expuestos al amianto desde 1960
Establecer planes de acción prioritarios en los sectores de la
industria naval, fibrocementos,
ferroviario, reparación de automóviles y agua.
Desarrollar un programa de vigilancia de la salud centralizado,
abierto y colaborativo
Designar centros de referencia en el ámbito central y autonómico
Crear un registro de tumores del amianto
Ofrecer ayuda jurídica y médica a las víctimas
Desarrollar estudios epidemiológicos
Compensar e indemnizar a las
víctimas
Depurar las responsabilidades jurídicas
Reconocer las afecciones derivadas del amianto como enfermedades
profesionales
Establecer planes de jubilación anticipada
Generar un fondo de indemnización a las víctimas
Establecer cauces adecuados para la organización de los afectados
Controlar el amianto actualmente
instalado
Obtener datos sobre la importación, el consumo y la exportación de
amianto
Establecer criterios de detección del amianto instalado
Realizar un inventario de edificios y estructuras que contengan
amianto
Definir procedimientos reglamentarios para el mantenimiento, la
retirada y la demolición de las
estructuras con amianto.
Crear un sistema de acreditación de empresas especializadas
Controlar el mercado
internacional del amianto
Crear desde la OIT sistemas de control del movimiento de empresas a
nivel mundial
Desarrollar programas de solidaridad internacional con los
colectivos sociales que luchan contra el
amianto, con un papel fundamental de las organizaciones sindicales
¿QUÉ HACER?
El problema del amianto en España pone de relieve
las insuficiencias de los sistemas de prevención, sancionador y de
compensación en salud laboral. Frente a la situación descrita es
urgente la puesta en marcha de diversas actuaciones legales,
institucionales y sociales, algunas de las
cuales se resumen en la tabla 1.
Uno de los elementos clave incluidos en esta
relación de medidas es la vigilancia sanitaria de la población
expuesta y/o afectada. Es necesario y urgente un consenso para la
elaboración de una estrategia de vigilancia de la salud en estos
casos, con objetivos y criterios comunes.
En primer lugar, sería necesaria la elaboración de
un censo de las personas expuestas desde los años sesenta hasta
nuestros días. El progra-
ma de vigilancia sanitaria de las personas expuestas debería ser
centralizado y estable, definiéndose un servicio de neumología y
radiología de referencia por comunidad autónoma en el que las pautas
de diagnóstico y atención a los afectados fueran homogéneas.
Asimismo, dicho programa debería ser abierto,
atendiendo a toda persona que haya estado expuesta al amianto de
forma puntual o perme- nente y padezca algún tipo de afección. Sería
también importante que se establecieran los mecanismos
interinstitucionales de derivación de pacientes entre centros
hospitalarios y centros de referencia.
A su vez, debería crearse una unidad de referencia
nacional (p. ej., el Instituto Carlos III), que centralizara el
registro de tumores, incluyendo un registro nacional de mesoteliomas.
Los profesionales del programa deberían tener organizado un sistema
de colaboración basado en grupos de trabajo para evaluaciones
periódicas y medios apropiados, garantizando la independencia
profesional de los mismos. Los informes emiti- dos deberían tener la
suficiente autoridad científica y moral ante los EVI, ante los
juzgados de lo social o ante las instancias donde se dirimiera
el futuro de las personas afectadas. En relación con todo esto,
puede ser de gran utilidad el texto del Jurado de la Conferencia de
Consenso de Francia, que considera las reglas establecidas por la
Agencia Nacional de Acreditación y Evaluación de la Salud (ANAES)5.
En España queda todavía mucho camino por recorrer
para afrontar el problema del amianto. En este sentido, resulta muy
ilustrativa la siguiente cita de Selikoff: «El conocimiento, si no
se usa, se convierte en algo estéril. El estado actual de los
conocimientos sobre el amianto y sus efectos en la salud humana
deben ser traducidos en una acción organizada, en esfuerzos
constantes, en valentía para hacer frente a la indife-
rencia, a la inercia, a la ignorancia, al letargo administrativo, a
la despreocupación, e incluso a la avaricia y a la indiferencia ante
el bienestar humano y la vida»6.
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http://www.scsmt.cat/Upload/TextComplet/2/1/214.pdf
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El diagnóstico de
las enfermedades respiratorias causadas por el asbesto
Jaume
Ferrera; Cristina Martínezb
a Servicio de
Neumología. Hospital Vall d'Hebron. Barcelona. España.
b Servicio de Neumología. Instituto Nacional de
Silicosis. Hospital Central de Asturias. Oviedo. Asturias.
España
Arch Bronconeumol. 2008;44:177-9.
Amianto (del griego "incorruptible") y asbesto (del griego
"inextinguible") son términos utilizados indistintamente para
designar un grupo de 6 minerales fibrosos presentes en la naturaleza
y conocidos desde la antigüedad por su resistencia al calor, la
abrasión y el ataque químico, además de por su baja conductividad
eléctrica y sus propiedades aislantes. Todo ello, junto a su bajo
coste, propició el uso industrial extensivo de este "mineral mágico"
entre los años cuarenta y noventa del siglo pasado, con un máximo
entre 1960 y 1984. En España se importaron 2,4 toneladas de amianto
a lo largo del siglo xx, destinadas a la industria del fibrocemento
(77%), aislamientos (4%), empaquetaduras y cartones (5%), y otros
usos como elementos de fricción, recambios y filtros1. Desde el
punto de vista mineralógico, se distinguen 2 tipos de fibras, que
difieren en su estructura química, biopersistencia y características
físicas: los anfíboles (crocidolita, amosita, tremolita, actinolita
y antofilita) y las serpentinas (crisotilo)2. El 90% del asbesto
importado en España ha sido el crisotilo, de fibras cortas y
curvadas, y de eliminación más fácil que los anfíboles.
La peligrosidad del asbesto para la salud ha sido demostrada y está
fuera de toda duda. La inhalación de las fibras puede causar, por
orden de frecuencia, enfermedad pleural no maligna, cáncer de
pulmón, mesotelioma maligno y asbestosis, además de neoplasias en
otras localizaciones3. El creciente número de afectados, la ausencia
de un umbral mínimo de exposición exento de riesgo, la dificultad de
alcanzar una protección fiable en el ambiente laboral y la
disponibilidad de materiales sustitutivos, junto con una importante
presión de las fuerzas sociales, dieron lugar a regulaciones
progresivamente más restrictivas4, hasta alcanzar la situación
actual de prohibición total de la explotación y uso del asbesto en
Europa5 y EE.UU. En Rusia, Canadá, China, Brasil, Zimbabue y otros
países en vías de desarrollo persiste la explotación de este
mineral, con una producción residual estimada de más de 2 millones
de toneladas anuales.
El riesgo de aparición de enfermedad debida al asbesto se incrementa
con la exposición acumulada, el tamaño respirable y la
biopersistencia de las fibras6, y en general se manifiesta después
de un período de latencia, desde el inicio de la exposición,
superior a 20 años. Estas características hacen que, a pesar de la
prohibición actual, y como consecuencia de su extensiva utilización
en los años previos, las enfermedades relacionadas con la inhalación
de asbesto tengan plena vigencia. Así pues, es preciso mantener la
alerta, dirigiendo la atención a identificar el asbesto instalado y
verificar su conservación, utilizar medidas de prevención en las
labores de demolición y diagnosticar la enfermedad en los
trabajadores expuestos anteriormente. En la actualidad la principal
fuente de exposición es el asbesto instalado con mal estado de
conservación. Al deteriorarse, el asbesto elimina fibras con
facilidad y, si se decide mantenerlo, es obligado sellarlo y
aislarlo del medio ambiente. En los casos en que se imponga su
retirada, los operarios deben exigir la utilización estricta de
todas las medidas de prevención estipuladas7.
En cuanto a la presencia de la enfermedad, según estimaciones
basadas en cohortes de trabajadores de 6 países de Europa, las
cifras de mortalidad por mesotelioma se mantendrán elevadas en todos
ellos hasta el año 20158. Sin embargo, en un estudio elaborado con
datos procedentes de 118 registros de cáncer de 25 países europeos
se observa entre éstos una amplia variación en la tasa de incidencia
estandarizada por edad y por sus orígenes geográficos: las tasas
anuales en varones, limitadas a edades de 40-74 años, oscilan entre
los 8 casos por 100.000 en Inglaterra y Holanda, y menos de un caso
por 100.000 en España9. Esta llamativa diferencia entre países con
un grado de industrialización similar indica que las enfermedades
por amianto están poco diagnosticadas en nuestro medio. La escasa
frecuencia de diagnósticos de afecciones relacionadas con el asbesto
en las publicaciones nacionales10,11 contrasta con la constante
notificación al registro de enfermedades ocupacionales de Cataluña12
y respalda esta hipótesis. El bajo índice de sospecha y las
deficiencias en la recogida de antecedentes de exposición laboral a
asbesto se apuntan como posibles causas de bajo diagnóstico13.
A pesar de que en las enfermedades causadas por el asbesto se
dispone de un escaso margen terapéutico, la obtención de un
diagnóstico etiológico tiene importantes repercusiones tanto
individuales --de compensación económica y de prevención de otros
factores sinérgicos como el tabaquismo-- como de vigilancia
epidemiológica del problema. Hay que tener en cuenta que si no hay
constancia del antecedente de exposición a asbesto no puede
establecerse un diagnóstico, ya que el cuadro clínico muchas veces
es inespecífico, como ocurre en la neumonitis intersticial usual de
la asbestosis. Otro ejemplo es el mesotelioma maligno de tipo
epitelial, cuya distinción histológica del adenocarcinoma
metastásico es siempre difícil. El anatomopatólogo necesita que el
clínico responsable del paciente le comunique el antecedente de
exposición a amianto para llevar a cabo las técnicas
inmunohistoquímicas necesarias y efectuar el diagnóstico
diferencial. En los pacientes con cáncer de pulmón, aunque el
amianto es un factor de riesgo, su efecto no introduce variaciones
clínicas, pero conocer la exposición resulta clave para el
reconocimiento de enfermedad profesional14.
Un aspecto de la máxima importancia es la capacidad de la historia
clínica para establecer con seguridad la exposición a asbesto que ha
experimentado una persona. A pesar de ser un punto crucial,
disponemos de pocos datos al respecto en la literatura médica. Una
simple pregunta al paciente, como "¿Ha tenido usted contacto con
asbesto?", no parece discriminar de manera adecuada entre expuestos
y no expuestos15. De forma ideal, deberían consignarse
detalladamente todos los trabajos en orden correlativo, incluyendo
actividades, condiciones de ventilación y medidas preventivas. Para
orientar el interrogatorio puede resultar útil consultar listas de
trabajos con alta frecuencia de exposición. Sin embargo, incluso con
una historia clínica exhaustiva, la determinación de exposición
resulta difícil, ya que depende del conocimiento y de la memoria del
paciente. En efecto, muchas personas no fueron conscientes de estar
expuestas en su día al asbesto y otras no lo recuerdan. Lo mismo
ocurre con la exposición ambiental y doméstica. En ocasiones el
médico, solo o en colaboración con un higienista, puede estimar la
exposición aunque el paciente no la refiera, sobre todo si la
actividad laboral es de riesgo.
De cualquier modo, un método directo de verificar una exposición
previa, y a su vez indagar en la magnitud del riesgo, es analizar el
contenido de asbesto en el pulmón. El asbesto puede detectarse
mediante microscopia óptica en forma de cuerpos ferruginosos (CF),
formados tras su cobertura por material férrico en el interior de
los macrófagos. Valores superiores a 1.000 CF por gramo de tejido
pulmonar seco o un CF por mililitro son indicativos de exposición
laboral valorable en biopsia pulmonar o lavado broncoalveolar,
respectivamente16. Para la detección de fibras de asbesto se
requiere la utilización de un microscopio electrónico. Si se
pretende identificar la composición química de la fibra y por lo
tanto su tipo, existe la opción de analizar las muestras mediante
diversos métodos, como el análisis dispersivo de energía de rayos X.
Para aplicar estos métodos hay que disponer de un laboratorio y de
personal capacitado para preparar las muestras y efectuar el
recuento de fibras o CF. Además, cada laboratorio ha de establecer
sus valores de referencia de acuerdo con la población de su entorno.
Por tanto, parece lógico que el contenido pulmonar de asbesto se
determine en centros especializados.
Por lo que se refiere al manejo de los pacientes, hay que decidir en
qué casos debe llevarse a cabo un análisis de asbesto en pulmón y
qué técnica debe utilizarse. Respecto al primer punto, si el
paciente refiere una exposición indudable o si la enfermedad tiene
una especificidad causal con el asbesto, como ocurre con el
mesotelioma maligno, no es imprescindible efectuar más estudios. Sin
embargo, con cierta frecuencia sucede que las manifestaciones de la
enfermedad son inespecíficas y la información que obtiene el médico
es incompleta o imprecisa y no concuerda con el cuadro clínico y
radiológico que presenta el paciente. Es en estos casos en los que
resulta útil el estudio del asbesto retenido en el pulmón. Otro
aspecto de interés radica en el hecho de que la asbestosis, el
mesotelioma maligno, el cáncer de pulmón y recientemente la fibrosis
pleural y pericárdica con restricción en pacientes con exposición
valorable a asbesto en el ambiente laboral tienen consideración de
enfermedad profesional, con todos los beneficios económicos que ello
representa para el paciente17. La identificación de fibras de
asbesto en el pulmón de individuos afectados de cáncer de pulmón o
fibrosis pulmonar intersticial permite atribuir la enfermedad a la
exposición laboral, aunque concurran otros factores de riesgo como
el tabaquismo, o bien el grado de exposición no alcance el criterio
aceptado de exposición acumulada estimada superior a 25 fibras-ml-año18.
Del mismo modo, su ausencia va en contra de una atribución causal.
En un estudio reciente se ha comparado el porcentaje de exposición a
asbesto mediante un cuestionario exhaustivo, que incluyó exposición
laboral, doméstica y ambiental, con la determinación de CF en pulmón
en población general y en pacientes con cáncer de pulmón. La
sensibilidad del cuestionario para detectar un depósito de CF igual
o superior a 1.000/g fue del 86%, mientras que la especificidad fue
del 66%19. La posibilidad de eliminar el crisotilo tras su
inhalación puede explicar su ausencia en el pulmón años después y,
en consecuencia, el hallazgo de valores elevados de asbesto en el
pulmón certifica la exposición, mientras que valores negativos no la
descartan por completo por lo que al crisotilo se refiere.
Otra cuestión de importancia práctica es decidir el método de
obtención de las muestras para su análisis. En pacientes con
enfermedad pulmonar difusa, lesión pleural o cáncer de pulmón no
tributarios de cirugía es aconsejable optar por una broncoscopia con
lavado broncoalveolar, ya que hay una buena correlación entre el
número de CF en el lavado broncoalveolar y en el pulmón16. En los
pacientes con cáncer de pulmón en quienes pueda practicarse cirugía
de resección, resulta fácil reservar un fragmento del tejido para su
análisis en busca de amianto.
En definitiva, el aspecto más difícil en el diagnóstico de las
enfermedades causadas por el amianto sigue siendo la determinación
de la exposición. Para conseguir su mejora es prioritario formar a
los médicos, tanto de atención primaria como de especializada, en la
recogida de una historia laboral que permita una sospecha
etiológica20 y, como ocurre en otros países, disponer de centros
especializados donde sea posible certificar la exposición mediante
análisis del contenido pulmonar de asbesto.
Correspondencia: Dr. J.
Ferrer.
Servicio de Neumología. Hospital Vall d'Hebron.
P.º Vall d'Hebron, 119-129. 08023 Barcelona. España.
Correo electrónico:
jjferrer@vhebron.netRecibido: 6-7-2007;
aceptado para su publicación el 17-7-2007.
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Asbestosis
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Sección de Neumología. Hospital de Navarra. Pamplona.
CONCEPTO Y PERSPECTIVA HISTÓRICA
La asbestosis es una fibrosis intersticial difusa secundaria
a la inhalación de fibras de asbesto.
La primera enfermedad identificada como relacionada con el
asbesto, la fibrosis o cicatrización pulmonar difusa,
posteriormente denominada asbestosis fue tema de informes de
casos en el Reino Unido a principios del siglo XX. Hallazgos
en autopsias revelaron una fibrosis grave difusa del pulmón,
encontrándose en exámenes histológicos unas estructuras que
posteriormente recibirían el nombre de cuerpos de asbesto.
El papel de la exposición al asbesto en el origen del
proceso no se reconoció de forma general hasta la
publicación de un informe de caso en el British Medical
Journal en 1927. En este informe se utilizó por primera vez
el término asbestosis pulmonar y se comentó lo destacado de
las reacciones pleurales a diferencia de otras
neumoconiosis. En el decenio de 1930, dos estudios basados
en grupos de trabajadores de la industria textil, uno en el
Reino Unido y otro en EEUU proporcionaron pruebas de la
existencia de una relación exposición-respuesta entre el
nivel y la duración de la exposición y los cambios
radiográficos indicativos de asbestosis. Estos informes
fueron la base de las primeras regulaciones de control y del
establecimiento de los primeros valores límite umbral para
el asbesto publicados en EEUU en 19381. En España existe una
amplia regulación normativa en los últimos 20 años, que va
desde el establecimiento de condiciones de los trabajos en
los que se manipula asbesto hasta las sucesivas
prohibiciones sobre su utilización2. En actualidad sólo está
permitido el uso de la variedad crisolito o asbesto blanco
en situaciones restringidas y controladas. La entrada en
vigor de la directiva comunitaria 1999/777 CE prohibirá el
uso y la comercialización de todo tipo asbesto a partir del
1 de enero de 2005.
HISTORIA NATURAL
La historia natural de la asbestosis se divide en tres
tiempos3:
Exposición a amianto
El riesgo de asbestosis y su gravedad son dosis dependiente.
La prevalencia de asbestosis radiológica documentada en
estudios basados en grupos de trabajadores varía según la
duración y la intensidad de la exposición. Estudios
epidemiológicos indican que el desarrollo de asbestosis
requiere una fuerte exposición a asbesto, existiendo
evidencia de que existe una dosis de fibra umbral por debajo
de la cual es poco probable la aparición de asbestosis. Esta
dosis parece estar como mínimo en el rango de entre 25 a 100
fibras/ml/año. Así observamos asbestosis en personas que han
tenido muchos años de exposición a nivel alto. No obstante
están descritos casos de asbestosis asociadas a exposiciones
breves pero intensas4.
Tiempo de latencia clínica
Es el tiempo transcurrido entre el comienzo de la exposición
y la detección de signos de asbestosis; es inversamente
proporcional al nivel de exposición. En otros tiempos era
breve, –del orden de 5 años–, pero la regulación creciente
de los niveles de exposición permitidos se correlaciona con
crecientes períodos de latencia además de con una
disminución en la prevalencia de la enfermedad. El tiempo de
latencia medio está entre 12 y 20 años. La enfermedad se
manifiesta a una edad cada vez más avanzada y a distancia de
la exposición.
Asbestosis establecida
La asbestosis establecida evoluciona por su cuenta incluso
después de haber cesado la exposición.
Los signos radiológicos pueden aparecer o progresar mucho
después de interrumpida la exposición. También se puede
producir un deterioro de la función pulmonar una vez cesada
la exposición, incluso en ausencia de signos radiológicos de
asbestosis, pudiendo haber relación entre aquella y el nivel
de exposición.
ETIOPATOGENIA
Los asbestos son un grupo de minerales fibrosos compuestos
por combinaciones de ácido salicílico con magnesio, calcio,
sodio y hierro.
Se clasifican en dos grupos:
– Serpentinas: incluye el crisolito o asbesto blanco; son
fibras largas, flexibles y enrolladas.
– Anfíboles: incluye crocidolita, amosita, antofilita,
tremolita y actinolita. Son fibras cortas, rectas y rígidas.
El desarrollo de asbestosis depende de5:
1. Las propiedades físicas y químicas de las partículas que
condicionan su depósito, aclaramiento, reactividad biológica
y biopersistencia.
2. Dosis de fibras: los estudios de carga de fibra en pulmón
han mostrado que existe una relación entre una alta
concentración de fibras retenidas y el desarrollo de
asbestosis.
3. Factores relacionados con el huésped, que incluyen
depuración pulmonar, estado inmunológico y existencia de una
variabilidad individual en mecanismos antioxidantes.
4. Otros factores extrínsecos, como el hábito tabáquico. El
humo del tabaco se ha asociado a aumento en la progresión de
asbestosis. Estudios experimentales sugieren que el tabaco
aumenta la retención de fibras.
Las fibras penetran en el organismo por vía inhalatoria,
alcanzando las de menor tamaño (<3µ) las vías aéreas
inferiores. Las fibras largas y enrolladas del crisolito
favorecen su interceptación en los bronquiolos menos
periféricos. Con las fibras cortas, rectas y rígidas de los
anfíboles ocurre lo contrario2.
Tras el depósito de partículas sobre las superficies
alveolares, se inicia el proceso de depuración o
aclaramiento alveolar. Se han descrito varias vías de
depuración:
– Eliminación de macrófagos cargados de polvo hacia las vías
aéreas ciliadas.
– Interacción con las células epiteliales y transferencia de
partículas libres a través de la membrana alveolar.
– Fagocitosis por macrófagos intersticiales.
– Secuestro en el área intersticial y transporte a los
ganglios linfáticos.
Durante la depuración alveolar, las partículas pueden sufrir
cambios físicos y químicos, por ej. revestimiento de
material ferroproteico (cuerpos de asbesto). Inicialmente se
produce una alveolitis por macrófagos alveolares activados
que liberan quimiotaxinas, factores de crecimiento de
fibroblastos y proteasas. Las quimiotaxinas atraen a los
neutrófilos y junto con los macrófagos liberan oxidantes
capaces de oxidar las células epiteliales y los factores de
crecimiento de fibroblastos consiguen acceder al
intersticio. Las partículas minerales actuarían como
sustrato catalítico para la génesis de radicales oxidantes:
especies reactivas de oxígeno (ROS) y especies reactivas de
nitrógeno (RNS), asociadas a la producción de daño celular,
daño del ADN, mutagenicidad y apoptosis.
La patogenia de los asbestos, produciendo enfermedad,
probablemente derive de la interacción a largo plazo entre
la producción persistente de radicales libres y la expresión
de citoquinas, factores de crecimiento y otras sustancias
celulares inflamatorias6,7.
Se han descrito distintos tipos de reacciones celulares:
– Una reacción inflamatoria transitoria sin lesión.
– Una reacción de retención baja con cicatriz fibrótica
limitada a las vías aéreas distales.
– Una reacción inflamatoria alta debida a la exposición
continuada y la escasa depuración de las fibras más largas.
La inflamación y la lesión son continuas desde el momento de
la exposición, pasando por una fase de latencia o subclínica
hasta el desarrollo de la enfermedad. La asbestosis puede
progresar después de identificada la enfermedad e
interrumpida la exposición, sin embargo, datos
experimentales apoyan el concepto de la asbestosis no
progresiva asociada a una exposición de inducción leve y a
una interrupción de la exposición al identificarse la
enfermedad.
CARACTERÍSTICAS CLÍNICAS
Los síntomas y signos clínicos están frecuentemente
presentes en el momento del diagnóstico.
La disnea de esfuerzo es habitualmente el primer síntoma; es
lentamente progresiva, aunque de aparición tardía, tras
15-20 años después de la exposición; suele preceder a otros
síntomas como tos seca y opresión centrotorácica que se cree
asociada a reacciones pleurales.
Los crepitantes inspiratorios tardíos aparecen precozmente
incluso en presencia de radiografía de tórax y pruebas de
función respiratoria dentro de la normalidad. Inicialmente
son más audibles en líneas axilares y bases pulmonares, y a
medida que progresa la enfermedad se extienden hacia campos
superiores. Las acropaquias son un signo habitualmente
tardío y asociado a formas más graves de enfermedad. En
estados avanzados puede aparecer insuficiencia respiratoria,
cianosis y signos de cor pulmonale8.
ESTUDIOS DE IMAGEN DE TÓRAX
La radiografía de tórax es el instrumento básico para la
identificación de enfermedades relacionadas con la
exposición a asbesto. La evaluación se realiza en base a la
clasificación internacional de la OIT de 1980. Esta
clasificación es de utilidad para los estudios
epidemiológicos y para la evaluación clínica ya que muestra
una buena correlación con el estado funcional respiratorio8.
Las anomalías iniciales son pequeñas opacidades irregulares
reticulares o reticulonodulares o más raramente en vidrio
deslustrado y de predominio en bases. Tales hallazgos no son
específicos de asbestosis y se pueden ver en otras
enfermedades infiltrativas y fibróticas del intersticio como
en la fibrosis pulmonar idiopática9. Las alteraciones
pleurales benignas se detectan en el 50% de los casos de
asbestosis. En formas evolucionadas aparece disminución de
volúmenes pulmonares, borramiento de los bordes cardíacos y
del diafragma con una extensión hacia los lóbulos
superiores. Sus limitaciones son la falta de especificidad
así como la limitada sensibilidad, dado que pueden existir
cambios anatomopatológicos de asbestosis hasta en un 20% de
sujetos con radiografía de tórax normal. Por lo tanto el
diagnóstico clínico de asbestosis en el momento actual
requiere algo más que una radiografía simple de tórax10,11.
La tomografía computarizada de alta resolución (TCAR) ha
añadido una mayor sensibilidad a la detección de la
enfermedad intersticial y pleural12. La TCAR permite
detectar lesiones intersticiales tempranas en trabajadores
con radiografía de tórax normal, aportando además
información en la identificación de anomalías pleurales
relacionadas con la exposición a asbesto13.
Las características de la asbestosis que pueden
identificarse mediante TCAR son12,13:
– Opacidades lineales intralobulillares.
– Engrosamiento irregular de los tabiques interlobulillares.
– Opacidades curvilíneas subpleurales.
– Opacidades redondas o ramificadas pequeñas subpleurales.
– Patrón en panal.
– Bandas parenquimatosas que parecen ser más bien reflejo de
la fibrosis de la pleura visceral que de fibrosis
intersticial.
Las líneas intralobulillares se correlacionan con la
fibrosis peribronquiolar y las líneas interlobulillares
engrosadas con la fibrosis intersticial.
El uso de la TCAR está recomendado para la confirmación
diagnóstica de patología asociada a la exposición a asbesto.
También cuando la radiografía de tórax da resultados dudosos
o cuando siendo normal se observan anomalías funcionales
respiratorias en sujetos expuestos. Aun cuando la TCAR
presenta mayor sensibilidad, en la actualidad no se
recomienda su uso sistemático en el cribado, requiriéndose
una clasificación normalizada, aceptada
internacionalmente14.
PRUEBAS DE FUNCIÓN RESPIRATORIA
Las pruebas de función respiratoria sirven para determinar
el grado de deterioro, así como para evaluar y monitorizar
la evolución de la enfermedad, pudiendo representar un
indicador precoz de afectación lo que las hace especialmente
útiles a efectos preventivos.
La fibrosis pulmonar intersticial establecida debida a la
exposición a asbesto se asocia a un patrón restrictivo de la
función pulmonar, con disminución de los volúmenes
pulmonares. Se detectan alteraciones en el 80% de los casos,
incluso antes de que se detecten alteraciones radiográficas.
Sus características incluyen volúmenes pulmonares reducidos
en particular la capacidad vital con preservación de la
relación del volumen espiratorio forzado en el primer
segundo respecto a la capacidad vital forzada (FEV1/FVC), la
complianza pulmonar y deterioro del intercambio de gases. La
capacidad de difusión pulmonar disminuye dependiendo de la
extensión de la enfermedad, correlacionándose con la
severidad de las lesiones histológicas, pudiendo su
disminución preceder a la detección de anormalidades
radiológicas1,3,8,15.
En las fases precoces de la asbestosis cuando los cambios
anatomopatológicos se limitan a fibrosis peribronquiolar el
deterioro de las pruebas, reflejando una disfunción de las
pequeñas vías aéreas, puede ser el único signo de disfunción
respiratoria.
OTRAS PRUEBAS DE LABORATORIO
El lavado broncoalveolar puede utilizarse para determinar la
presencia de cuerpos de asbesto, constituyendo una
indicación de exposición aunque su ausencia no descarta la
enfermedad. Puede ser útil en casos de exposición dudosa.
También sirve para descartar otras enfermedades16.
En la asbestosis es más frecuente una alveolitis macrofágica.
En algunos casos puede existir linfocitosis con aumento del
cociente CD4/CD817.También se ha descrito aumento del ácido
hialurónico. Niveles elevados de neutrófilos y de
eosinófilos se han asociado con un descenso acelerado de la
difusión pulmonar18.
El asbesto aumenta los niveles de proteína de las células
clara (CC 16) y de proteína asociada con el surfactante (SP-A).
Estas moléculas ejercen un papel sobre los eventos
inflamatorios y profibróticos locales19.
La determinación del péptido procolágeno sérico se ha
utilizado también como marcador de exposición.
La elevación del propéptido carboxiterminal procolágeno tipo
1 en BAL en casos de asbestosis, sugiere la utilización de
esta sustancia como marcador del metabolismo del colágeno en
la valoración de la participación del parénquima en
individuos expuestos a fibras de asbesto20.
ANATOMÍA PATOLÓGICA
Los cambios fibróticos que caracterizan a la asbestosis son
consecuencia de un proceso inflamatorio provocado por las
fibras retenidas en los pulmones. La fibrosis intersticial
difusa afecta fundamentalmente a los lóbulos inferiores y
zonas periféricas, asociándose en los casos avanzados a
distorsión de la arquitectura normal del pulmón. Es
frecuente la fibrosis de la pleura adyacente. Ninguna de las
características histológicas de la asbestosis la diferencia
de la fibrosis intersticial debida a otras causas, salvo la
presencia de amianto en el pulmón en forma de cuerpos de
asbesto, visibles al microscopio óptico o de fibras no
recubiertas visibles por microscopía electrónica1. En
ocasiones la fibrosis puede limitarse a zonas relativamente
escasas y afectar principalmente a las regiones
peribronquiolares dando origen a la enfermedad de las
pequeñas vías aéreas relacionadas con el asbesto.
DIAGNÓSTICO, EVOLUCIÓN Y TRATAMIENTO
El método diagnóstico de certeza de referencia de asbestosis
es histopatológico y se basa en la identificación de
fibrosis intersticial difusa y el hallazgo de 2 ó más
cuerpos de asbesto en tejido, en un área de sección de 1cm_
o un recuento de fibras mayor del rango de valores normales
del laboratorio (se precisa validación del laboratorio), en
una muestra de tejido pulmonar bien insuflado tomado de
zonas distales de cualquier foco canceroso, obtenida
mediante biopsia pulmonar abierta o videotoracoscopia14,21.
No obstante en la mayor parte de los casos se puede
establecer un diagnóstico, sin necesidad de recurrir a la
biopsia pulmonar, debiendo cumplirse lo siguientes
requisitos8,22,23:
1. Existencia de antecedente de exposición a asbesto. La
historia laboral detallada constituye el método más fiable y
práctico para medir la exposición laboral a asbesto, a
través de cuestionarios específicos en los que además de una
historia laboral pormenorizada, se obtiene información
acerca del tipo de producto utilizado, duración y métodos de
protección utilizados21,24.
Cuando la historia ocupacional no es fiable o no es
concluyente se puede recurrir a la determinación de cuerpos
de asbesto o fibras de asbesto en muestras biológicas como
marcador de exposición, nunca de enfermedad. Los cuerpos de
asbesto se visualizan con microscopio óptico y se pueden
detectar en esputo, lavado broncoalveolar y en tejido
pulmonar25. El análisis cualitativo es poco sensible por lo
que se recomienda el análisis cuantitativo. El número de
cuerpos de asbesto en BAL se correlaciona bien con el número
de cuerpos de asbesto en tejido pulmonar. La cuantificación
en esputo es poco sensible26. En BAL se considera la
concentración ³1CA/ml como marcador de exposición. Los
resultados deben de ser interpretados en un contexto
clínico-laboral adecuado. Un resultado positivo no traduce
necesariamente la existencia de una patología asociada al
asbesto y un resultado negativo no permite excluir una
exposición, en particular en casos de exposición a
crisolito. En el tejido pulmonar se considera un valor >1000
CA/g de tejido como indicativo de exposición.
La cuantificación de fibras retenidas en el pulmón se
realiza con microscopía electrónica. Los valores indicativos
de exposición son >1.000.000 anfíboles de tamaño >1µ/g de
tejido ó >100.000 anfíboles de tamaño >5µ/g de tejido
pulmonar seco. No existe consenso establecido entre los
diferentes laboratorios, referente a las fibras de
crisolito.
2. Existencia de un tiempo de latencia adecuado, en general
superior a 15 años.
3. Hallazgos clínicos, radiológicos y funcionales sugestivos
de enfermedad intersticial difusa.
4. Descartar otras causas de neumopatías difusas. El
diagnóstico diferencial con la fibrosis pulmonar idiopática
puede ser difícil. Las características diferenciales según
De Vuyst27 se presentan en la tabla 1.
Los casos actuales de asbestosis son menos evolutivos que en
otros tiempos gracias a la reducción de las exposiciones más
masivas. La asbestosis raramente es mortal o invalidante. En
la mayor parte de los casos permanece estable aunque también
puede evolucionar de forma lenta y progresiva incluso cuando
la exposición ha cesado.
El predominio de neutrófilos y eosinófilos en BAL y el
hábito tabáquico han sido descritos como factores
predictivos de mayor deterioro funcional. Asimismo se ha
observado que el riesgo de progresión es inversamente
proporcional al tiempo de latencia. La evolución no está
ligada a la profusión de las imágenes radiográficas en el
momento del diagnóstico.
La asbestosis se ha considerado un marcador de riesgo
aumentado de cáncer de pulmón entre trabajadores expuestos a
asbesto28,29.
No existe ningún tratamiento eficaz para la asbestosis. Las
únicas medidas eficaces son las preventivas.
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Correspondencia:
Belén Marín Martínez
Sección de Neumología
Hospital de Navarra
Irunlarrea, 3
31008 Pamplona
Tfno. 848 422288
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